domingo, 22 de abril de 2018

1 Las causas y los bandos beligerantes

Faltaba la etiqueta 0 Tercera evaluación
Cuatro faltas de ortografía
Nota: 5


       La Segunda Guerra Mundial comenzó apenas veinte años después de finalizada la Gran Guerra, bautizada como (Primera Guerra Mundial» a partir de 1945. La guerra de 1914 dejó demasiadas heridas y demasiados descontentos como para cerrar y borrar para siempre tan mortífero y dramático episodio. 
       La Segunda Guerra Mundial fue una continuación de la primera y tuvo las características de una guerra total, apocalíptica, que se libró en todos los rincones del giobo terráqueo. Una guerra que rompió definitivamente los límites entre frente y retaguardia, protagonistas militares y civiles, operaciones bélicas y actuaciones socioproductiva. Una contienda que tuvo orígenes complejos y variados, en la medida en que en su seno acabaron fusionándose y confluyendo varias “guerras” locales derivadas de distintos motivos y causas pero progresivamente entrelazadas y reforzadas. 
1.1  Las causas del conflicto
       En los años veinte, las tensiones entre los distintos países quedaron amortiguadas por el agotamiento de las sociedades tras la dura contienda. La urgencia de la reconstrucción posbélica, que coincidió con una fase económica de bonanza general, y el arbitraje diplomático que ofrecía con mayor o menor éxito la Sociedad de Naciones, permitieron más años de paz. Pero, a partir de 1929, la Gran Depresión socavó los precarios equilibrios europeos e Internacionales y abrió la vía de un nuevo conflicto bélico. 
    En Europa, la Gran Guerra había dejado conflictos latentes en los países vencidos (Alemania, Austria o Hungría), disconformes con las cargas impuestas por los tratados de paz. También algunos países vencedores quedaron descontentos, como Italia, insatisfecha con las ganancias territoriales que había obtenido. Otros países, como Polonia, Checoslovaquia o Yugoslavia, estaban temerosos de la seguridad por sus fronteras y, sobre todo, por la desconfianza hacia Alemania. A ello había que sumar la posición reservada y hostil de la URSS hacia el mundo capitalista y por sus pérdidas territoriales respecto de sus tradicionales fronteras anteriores a 1917. 

       En el Extremo Oriente, los focos de tensión surgían del creciente movimiento antiimperialista que cuestionaba la legitimidad de la presencia colonial europea. Combinándose y entrelazándose con ello, tuvo mucha importancia la decidida apuesta de Japón por constituir un nuevo imparte en la zona, excluyendo a las potencias occidentales y sometiendo a las poblaciones nativas. El proyecto imperialista japonés desafiaba tanto a los viejos imperios británico, francés u holandés como al nuevo imperialismo estadounidense, asentado en las Filipinas y en el Pacífico central. 
       Entre 1931 y 1939, se fueron configurando los dos bandos que acabarían enfrentándose: el bando de las potencias revisionistas del statu quo europeo, Alemania e Italia a las que se sumó Japón, y el bando de las potencias aliadas encabezado inicialmente por Reino Unido y al que se fueron incorporando muchos otros Estados. 

       Firma del Pacto de Münich, 30 de septiembre de 1938
       

       Tras la incorporación de Austria al Tercer Reich, Hitler anexionó la región checoslovaca de los Sudetes. Las autoridades checas solicitaron el apoyo de Francia y Reino Unido, cuyos representantes,“ con Mussolini de mediador, se reunieron en Múnich para terminar pactando con Alemania.
       El acuerdo fue un éxito rotundo para Hitler, que obtuvo respaldo internacional para su acción, mientras Francia y Reino Unido creían haber evitado así una guerra mayor. 
       En la imagen, Adolf Hitler firmando: a su derecha, Arthur Neville Chamberlain (Reino Unido) y a su izquierda Édouard Daladier (Francia). Detrás, Benito Mussolini. 







¿Qué pasaba en España?

Adolf Hitler y Francisco Franco en la estación de Hendaya, en 1940

       La Guerra Civil terminó con la victoria del bando franquista apenas cinco meses antes de iniciarse la guerra mundial en septiembre de 1939. A pesar de la íntima vinculación de la dictadura de Franco con Alemania e Italia, España se declaró neutral en el conflicto en vista de su agotamiento humano, su debilidad económica y su vulnerabilidad militar. Sin embargo, tras los triunfos alemanes de 1940 y la entrada de Italia en la contienda, Franco adoptó una postura de «no beligerancia» que apenas ocultaba su apoyo moral y material al eje germano-italiano. Con el ataque alemán a la URSS en 1941, el franquismo acentuó su simpatía pro eje con el envió de la División Azul al frente oriental para luchar contra el comunismo.
       A partir de 1942, tras la entrada de Estados Unidos en la contienda y el inicio del declive germano-italiano, el franquismo fue replegándose hacia una neutralidad más estricta y aceptable por el bando aliado, dispuesto a sobrevivir al hundimiento del Eje. Para ello, en 1944 retiró sus tropas de Rusia, alentó las llamadas a la paz del Vaticano reafirmó su carácter católico y anticomunista sin otras pretensiones fascistas. 

1.2 Las potencias del Eje 
    
       Las llamadas potencias del Eje fueron Alemania, Italia y Japón, al que se sumarían, ya iniciada la guerra, otros países. 
      -Alemania había emprendido la senda del rearme militar masivo y la revisión de las fronteras centroeuropeas por la vía de la negociación, de la intimidación o del uso de la fuerza. Así, como hemos visto en la unidad anterior, se consintió la remilitarización de Renania (1936), la intervención en la guerra civil española (1936-1939), la anexión de Austria -el Anschluss-(1938) y la ocupación de los Sudetes (octubre de ese mismo año) y de gran parte de Checoslovaquia (marzo de 1939). Todo ello formaba parte del programa de expansión gradual nunca ocultado por el régimen nazi de Adolf Hitler. 
       -Italia, con el régimen fascista de Benito Mussolini, había iniciado una política imperialista y expansionista que le llevó a abandonar la equidistancia entre la entente franco-británica y Alemania. En 1935 ya había invadido Abisinia y deseaba un mayor expansionismo en la zona. Este camino le condujo a un pacto de amistad con el Tercer Reich en 1936, dando lugar al llamado «Eje Roma-Berlín». La colaboración con Alemania en España, Austria y Checoslovaquia fue seguida de la anexión de Albania por parte de las tropas italianas en la primavera de 1939. 























       -Japón era una monarquía con un emperador de origen divino, Hirohito. Sus dirigentes consideraban que el pueblo japonés era racialmente superior a todos sus vecinos del este asiático. El imperio militarizado japonés comenzó en 1931 su desafío militar y racial con la ocupación de la provincia china de Manchuria, a pesar de las sanciones de la Sociedad de Naciones y de las críticas de Estados Unidos. En 1936 firmó con Alemania el Pacto Antikomintern, al que se sumó Italia en 1937. En ese mismo año invadió una región costera de la China central (Shanghái y Nankín). Este hecho significó un salto cualitativo en el ritmo expansionista nipón. Japón y Alemania en 1933 e Italia en 1937 abandonaron la Sociedad de Naciones tras la condena de sus iniciativas expansionistas. En 1939, el camino hacia la guerra estaba abierto: el Pacto de Acero entre Alemania e Italia, en mayo de 1939, supuso un reforzamiento mutuo tras la ocupación de Albania. Pero resultó sorpresivo el acto de no agresión germano-soviético -pacto RibbentropMólotov-firmado en agosto de 1939. lósif Stalin, que no podía esperar apoyo ni de Francia ni de Reino Unido, ganaba tiempo y seguridad cediendo a las pretensiones de Hitler sobre Polonia. También Hitler podría afrontar las previstas ofensivas en el oeste sin graves riesgos a su espalda. 





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